Mientras el viento helado recorría mi espalda, esperé esa señal que nadie me había prometido, señal incierta pues ni yo misma estaba segura de poder divisarla. No me importaba que el tiempo pasara, al menos no marcado por las manecillas de un reloj que se quedó olvidado en algún cajón sucio, seguramente lleno ya de telarañas.
Cada hora era contada con cada vacilación que recorría a mi mente cada que tus pasos en lugar de caminar hacia los míos pensaban en otros rumbos, que yo seguramente no sabría adivinar… y yo seguía esperando y la pregunta: ¿Qué espero? Se paseaba por mi mente…y yo sin saber si iba o venia corría tras su interrogación, con la intención de dejarla en pedacitos.
Me espero a mi misma quizá y quizá sea esa la razón por la que simplemente no me pude ir.
Y mis pensamientos aferrados a ese lugar sin memorias, porque todas ellas me las llevé yo, mi error debió haber sido ese, llevármelo todo y no dejar referencia. Seguramente olvidé llevarme algo y el remordimiento se ocupa de roerme la conciencia… por si las dudas, igual yo sigo esperando y el viento ya no tan frio, sigue acrecentándose, igual se vuelve más amena y el atisbo de esperanza me lanza punzadas de nervio a las entrañas, pero se disipan, las ilusiones son muchas y las realidades vanas, por eso la vida es más parecida a un sueño, donde sentarse a esperar lo desconocido, aunque pareciese una infantil tontería, es como sentires naciendo nuevamente, como esperar a que la vida venga y nos robe esa pasividad monótona que tanto llegamos a odiar…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario